LA RUTA DEL WÓLFRAM

Alguno quizá recuerde la denominada “fiebre del oro negro” cuando, los más osados pertrechados con unos cuantos cartuchos de dinamita, trataban de romper las rocas en unos parajes paradisíacos para conseguir el mineral negruzco, tan apreciado por los aliados (ingleses) y alemanes, que apremiados por las necesidades de la industria de guerra anhelaban tan preciado material. De esta guisa y, en parte debido a la explotación intensiva de la wolframita, Ponferrada tuvo un crecimiento espectacular, también un alto nivel de vida, que en ciertos momentos le permitió ser considerada como “ciudad del dólar”.

La primera senda y más publicitada y conocida como “Camino del wólfram” se inicia en Herrerías de Valcarce (localidad próxima al límite lucense), finalizando en Cadafresnas. En esta senda lo más destacable son los restos que se conservan de las minas de wolframio. Vestigios totalmente abandonados y que nos remiten a la II Guerra Mundial, a un momento en el que España colaboró con Alemania proporcionando wolframita (wólfram o tungsteno) a su máquina de guerra, a la que le urgía este material tan adecuado para el blindaje de los vehículos militares. El punto más álgido y de mayor producción fue el año 1942.

Como infraestructuras mineras, testigos del dinamismo de otra época, cabe mencionar el poblado de la Piela, que tuvo unas construcciones habilitadas como viviendas, economato, cantina y una escuela para niños. Algo casi imposible en otras zonas en aquellos años de escasez. Si nos adentramos en las entrañas de las explotaciones y, desde las inmediaciones de las bocaminas, se ve una maravillosa estampa constituida por el Valle del Selmo, los valles del municipio de Barjas y las Médulas, en lontananza.
La otra variante, en la que abundan asimismo sendas de gran valor paisajístico, para acercarnos a “la Peña do Seo” partiría de Corullón y aprovecharía la ya vetusta carretera de Valdeorras, tomando rumbo en dirección a Cadafresnas. A unos cinco kilómetros se ubica el antiguo poblado de “la Piela”, en cuyos alrededores proliferan manantiales cristalinos y un bellísimo contorno natural.
ELEMENTOS MONUMENTALES Y ETNOGRÁFICOS:
En este ámbito hay que relacionar la gran cantidad de herrerías (ferrerías) que existieron antaño, una de las cuales y como mejor conservada se podría citar la de Serviz, no lejos de Barjas. De Serviz a Barjas es conveniente admirar los restos de un molino de “tipo romano”. En la misma cabecera, como aldea principal, Barjas nos ofrece su iglesia del S. XVIII y el hórreo, imprescindible elemento arquitectónico para almacenar, proteger y conservar víveres y enseres. En Quintela, prosiguiendo nuestra ruta, nos pararemos a visitar las ruinas de un castro romano.
FLORA Y FAUNA:
Lo más característico de la “Ruta del Wólfram” viene a ser justamente la espectacularidad del paisaje por el que discurre el itinerario, los ríos transparentes y límpidos, los bosques de castaños (soutos) y robledales y “carballeiras”, componiendo todo ello un conjunto ideal para los amantes de la Naturaleza. Además, enriqueciendo la masa arbórea y forestal, se dan frondas de abedules, hayas y piornos bien escalonadas.
Por lo que respecta a la fauna, también es lógicamente abundante y de carácter adaptado a estos valles solitarios (nutrias, tejones, corzos,…).
La Peña do Seo alcanza los 1.560 metros de altitud y la sensación de abandono y soledad, la sobria elegancia y equilibrio del entorno, junto al paso de décadas sin apenas presencia humana, permiten experimentar sensaciones originales.
No se puede concluir sin aludir a la variedad y singular número de “ferrerías” de otros siglos que están en estado ruinoso, pero que aún se pueden distinguir. Ello muestra que El Bierzo ha sido durante bastantes siglos un enclave predispuesto para la actividad sidero-metalúrgica, aunque fuera en un estadio digamos “artesanal” o primario.